Investigadores de España estudian el efecto beneficioso de la dieta mediterránea, suplementada con aceite de oliva virgen o frutos secos, sobre pacientes con riesgo de sufrir problemas cardiovasculares. Los últimos resultados, publicados recientemente en la prestigiosa revista Hypertension muestan a nivel molecular cómo en personas con hipertensión el consumo de aceite de oliva devuelve a parámetros normales la estructura de los glóbulos rojos, alterada en estos pacientes.
Las legumbres, los cereales o el aceite de oliva han estado ligados tradicionalmente a la dieta de la población mediterránea. Sus beneficios para la salud se han pregonado durante la última década. Sin embargo, aunque existen estudios que respaldan esta afirmación, hasta ahora no se había realizado ningún ensayo clínico aleatorizado de cara a valorar los efectos de esta peculiar dieta en la prevención primaria de la enfermedades cardiovasculares, y cuyos resultados permitan efectuar recomendaciones a la sociedad con el máximo rigor científico.
Es por ello que en 2003 se puso en marcha PREDIMED, un proyecto coordinado por Ramón Estruch (Hospital Clínico, Universidad de Barcelona) en el que participan más de 350 expertos pertenecientes a 19 grupos de investigación de toda España, y que abarca más de 7,500 pacientes con alto riesgo cardiovascular. Un gran esfuerzo científico que tiene como objetivo principal el averiguar si la dieta mediterránea, suplementada con aceite de oliva virgen extra o frutos secos, evita la aparición de este padecimiento en comparación con una dieta baja en grasa.
En dicho trabajo están valorando la intervención dietética durante cinco años sobre los eventos primarios en los problemas cardiovasculares, como son la muerte por esta causa, el infarto agudo de miocardio, la angina estable, la angioplastia, el paro cardíaco y el accidente vascular.
En 2006, una publicación en la revista Annals of Internal Medicine ponía sobre la mesa cómo la dieta mediterránea propuesta por el proyecto tenía mejores resultados que la baja en grasas, recomendada actualmente para pacientes con riesgo cardiovascular. Estas conclusiones preliminares apuntaban que una dieta suplementada con un mínimo de 50 gramos (tres cucharas soperas) de aceite de oliva o 30 gramos de frutos secos, no sólo no provocaba variación del peso corporal sino que a la vez reducía de manera significativa la presión arterial y la resistencia a la insulina de los pacientes, además de la concentración en sangre de los marcadores de inflamación vascular relacionados con la arterioesclerosis.
Esta publicación responde a un primer estudio piloto elaborado durante tres meses con 772 participantes, para ver si se había planteado bien el trabajo o si era algo que no iba a dar resultados. Los datos obtenidos nos sorprendieron a todos, tanto en la dieta con aceite de oliva como con frutos secos, ya que durante este corto periodo de tiempo se vio que bajaban todos los parámetros: disminuía la hipertensión, subía el colesterol bueno, se reducía el malo; por destacar algunos.
En el último artículo publicado recientemente en la prestigiosa revista Hypertension. se demuestra cómo el aceite de oliva virgen extra modifica la estructura y composición lipídica de los eritrocitos, o glóbulos rojos; los últimos resultados publicados destacan los beneficios del aceite de oliva sobre la hipertensión
alterada en pacientes con hipertensión, mejorándola y acercándola a parámetros normales.
Para llegar a esta conclusión Valentina Ruiz ha estudiado, junto a investigadores de Baleares, Sevilla, Málaga y Barcelona, las membranas de los eritrocitos en un total de 36 pacientes, tras un año de intervención en su alimentación con dieta mediterránea suplementada con este tipo de aceite.
Efecto a nivel molecular
Las membranas de los glóbulos rojos no cuentan con una estructura estable, sino que están formadas por dos capas que se van deslizando sobre sí mismas. Dentro de esta bicapa están presentes el colesterol, transportadores de iones, receptores, proteínas y otros elementos que influyen en su flexibilidad. Conocer el impacto del aceite de oliva sobre esta estructura ha sido el objetivo del estudio ya que la membrana se organiza, se mueve y se mantiene dependiendo de su disposición física y su composición química.
Y es que el sistema vascular presenta capilares muy finos por donde los glóbulos rojos tienen que pasar. Las posibilidades que tengan las membranas de estos eritrocitos para adaptarse, volviéndose más flexibles al contar con menos espacio, son esenciales para facilitar el flujo de oxígeno a las células. Es precisamente el comportamiento de la membrana y su composición química la que se presenta alterada en pacientes con hipertensión y que, gracias al consumo de aceite de oliva virgen, adopta unos parámetros más normalizados. Un dato que los investigadores han podido observar mediante el proceso de difracción de rayos X realizado en el HASYLAB de Hamburgo, Alemania.
En definitiva, las conclusiones sugieren que la dieta de estilo mediterráneo modifica la estructura de las membranas de los glóbulos rojos y afecta al metabolismo lipídico alterado en sujetos con hipertensión. La modulación que se da en los cambios de la membrana proporciona una nueva perspectiva molecular para establecer una buena base científica por la que la dieta mediterránea beneficie a estas personas.
Fuente:
CSIC
Diciembre, 2009.